Leonel Fernández y Luis Abinader

He leído y oí­do a los co­munica­dores que critican el escenario que se preparó en las escalinatas del Pa­lacio Nacional – y el costo – dicen que fue propio de un show, carente solemni­dad; lo comparan con el que montó el Ministro de Obras Públicas.

Si el Presidente habla el 16 de agosto, es un dis­curso político de aniver­sario de la Administra­ción, no de rendición de cuentas, que es el 27 de febrero ante la Asamblea Nacional y, del escenario preparado, teatral, no so­brio, sólo el tiempo dirá si fue inteligente el cam­bio de hablar desde el despacho.

Este discurso al cie­rre del primer año, des­taca obviamente el éxito en el manejo de la pan­demia del Covid-19, in­siste en la vocación ética de la Administración, en su intención de reformas y presenta sus logros en materia económica relati­vas a inflación, crecimien­to del PIB y recuperación de empleos y en particu­lar, del turismo y las zonas francas; las altas reservas internacionales, que ga­rantizan estabilidad en la tasa de cambio y, sin citar­lo, la liquidez de los ban­cos: Es la alocución de un mandatario que se sabe apreciado – previamen­te se publicó que con un 68% de aprobación –, que transmite deseos de tra­bajar y buenas intencio­nes… pero, se juega su ca­pital político en un amplio programa de reformas … – incluyendo la constitucio­nal – las reformas son te­ma de la sociedad civil, no aportan un voto.

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